La sociedad del siglo XXI no se puede comprender sin acudir a uno de sus soportes imprescindibles y básicos: la información.

Tanto es así que, si hasta escasamente unos años se hablaba del cuarto poder en referencia a los medios de comunicación social, actualmente ya nadie duda de que su influencia es de tal alcance que se han terminado convirtiendo en el principal poder por excelencia, de enorme repercusión en los diferentes ámbitos (político, social, empresarial o económico) que integran cualquier comunidad.

El vertiginoso avance de las nuevas tecnologías de la información, con internet a la cabeza, abre un amplio abanico de nuevas posibilidades de futuro. Pero para que éstas cristalicen, deben ir acompañadas de un, igualmente rápido, avance en la mentalización sobre la importancia de acceder al recurso de la información, en el momento preciso y de la forma adecuada, en un mundo de extraordinaria competencia a la hora de cubrir cuotas de mercado o influir en la creación de opinión pública.

Establecer la estrategia de comunicación para fijar un determinado objetivo, mediante la creación de opinión pública y lograr hacer calar el mensaje, es hoy día, indudablemente, una base fundamental y condición imprescindible en la dinámica habitual de cualquier institución o entidad, sea de la índole que sea. Del mismo modo, la planificación de la campaña publicitaria se hace absolutamente necesaria para la consecución de los objetivos previstos.

La comunicación (información, opinión y publicidad) así dirigida y planificada se convierte en un instrumento necesario, de valor incalculable, en las manos del político, empresario, directivo o líder social a la hora de intervenir en la realidad política, económica, social y cultural que lo circunda.